Publicado: 5 de Junio de 2018

A finales de este mes de junio concluye el experimento que la Comunidad de Madrid ha llevado a cabo en nuestros Institutos de Educación Secundaria y centros de Formación Profesional. La premisa ha sido adelantar la convocatoria de septiembre a finales de junio con el fin de mejorar la conciliación de la vida familiar y escolar, argumentando una serie de propuestas para llevar a cabo dicha “mejora”, más propias de Alicia y su País de las Maravillas que de los Centros Educativos de nuestra Comunidad.

¿En qué consisten estas supuestas “ mejoras”?

Cuando la Comunidad de Madrid lanzó la propuesta, la acompañó de una serie de puntos que, en teoría, harían posible su implantación y éxito.

Uno de estos puntos es que, para aquellos que han suspendido y tienen que examinarse en la convocatoria extraordinaria, habrá clases de apoyo, refuerzo y tutorización. En un principio suena bien la historia pero, ¿cuándo tiene lugar la convocatoria extraordinaria? Si los exámenes comienzan el 20 de junio, y es el día 8 del mismo mes cuando dan las notas, comunicando quién tiene que presentarse y quién no… ¿Pretenden que se preparen una o varias asignaturas en 12 días? ¿CÓMO?

¿Qué ocurre con los que han aprobado?

Supuestamente, la asistencia es obligatoria hasta el 22 de junio, por lo que la Comunidad argumenta que durante ese tiempo se enriquecerán los contenidos en los que no se haya podido profundizar con anterioridad. Y nuestra pregunta es: “¿por qué no se ha podido profundizar?” Todos conocemos la respuesta: “porque han adelantado los exámenes de septiembre a junio”, por lo que han tenido que acelerar todo el calendario y, por lo tanto, reducir los trimestres. De manera que el temario se ha visto de manera superficial lo que supone la no asimilación de los contenidos por parte de los alumnos. ¿Merece  la pena correr tanto, cuando lo que se está perdiendo es calidad? ¿Por qué agobiar a los estudiantes con calendarios de vértigo cuando a final de curso sobra más de un mes dedicado a tareas insustanciales?

Otra idea interesante es la organización de talleres participativos, como por ejemplo de lectura, escritura o cineforum. Muchos estudiantes encontrarán estas actividades mucho más atractivas que su clase diaria de matemáticas, física y química o lengua. Y no se queda ahí la idea, sino que continúan desarrollándola esgrimiendo la posibilidad de hacer intercambio con otros centros, realizando actividades deportivas, culturales, corporativas o en el entorno natural… Tiembla Finlandia, que Madrid tiene una propuesta educativa que roza lo espectacular. Sólo nos queda una duda al respecto, ¿cuántos docentes extra van a incorporar a los centros durante el mes de junio? Y la respuesta ha sido: ¡NINGUNO! ¿En qué mundo se pueden llevar a cabo todos estos proyectos (más las clases de refuerzo para los alumnos suspensos) sin la ayuda de nuevos profesores? A día de hoy, que sepamos, nuestros docentes no pueden clonarse ni dividirse.

Por lo tanto, pese al idealismo quijotesco de la propuesta, la realidad en nuestros centros es otra:

Frente al mismo temario del año anterior, la comunidad educativa dispone de menos tiempo para abarcar unos contenidos de por sí bastante extensos (si pensamos en los alumnos de segundo de Bachillerato la situación es prácticamente de risa). Por lo que el agobio y el estrés es una constante en nuestros estudiantes, al menos en aquellos que se esfuerzan por sacar el curso adelante.

Si las notas se entregan el día 8 y los exámenes tienen lugar la semana del 20, nuestros alumnos cuentan con unos escasos 12 días para preparar la o las asignaturas (pobre de aquel que vaya con más de dos suspensas).

Y, lo sabemos de buena tinta, los alumnos que han aprobado o bien van al instituto y molestan, o bien prefieren quedarse en casa antes que perder el tiempo en clase.

En conclusión, a los “expertos” que han diseñado semejante desastre les queremos recordar un factor de relevancia en educación que parecen haber olvidado: el TIEMPO. En la asignatura de DIDÁCTICA  nos enseñaron que por cada objetivo hay que realizar un número de actividades para estar seguro de que ese objetivo se consigue. ¿Cuántos objetivos no se alcanzarán, cuántos contenidos no serán asimilados?

Las estadísticas en las que se basaron tan ilustres pensadores sostenían que el 49% de los estudiantes de la ESO y el 58% de los estudiantes de Bachillerato que se presentaron a la convocatoria de septiembre del año pasado no aprobaron. Pero, ¿qué pasará este año con el 51% y el 42% que sí aprobaron? ¿Y cómo afectará la aceleración del curso al número de alumnos aprobados antes de la convocatoria extraordinaria?

Y, por encima de todo, ¿cómo comprender, asimilar y memorizar 8 meses en tan solo una semana y salir victorioso?

Con esto no pretendemos atacar a los ni a los profesores ni a los Centros Educativos, que se han visto inmersos en esta locura, y están salvando la situación como pueden. Nuestra crítica va dirigida a la Comunidad de Madrid y sus expertos que parecen haber olvidado que, seguramente, aprobaron alguna asignatura en septiembre.