Publicado: 15 de Junio de 2017

Los Spinners son el nuevo juguete del recreo. Anteriormente el protagonismo fue de  las gomas para hacer pulseras, las peonzas, los yo-yos o el absurdo juego de tirar la botella.

La diferencia entre el último grito  y los anteriores es que los spinners se han hecho también con el control de los institutos, atrapando a los denominados populares o “popus” en primer lugar, para ir extendiéndose por los “estamentos inferiores”.

Pero antes de continuar con el artículo, deberíamos comentar qué es este pequeño aparato y cuáles son sus orígenes.

El objeto en cuestión es tan pequeño que cabe en la palma de la mano, y consiste en tres aros unidos entre sí. En el centro, hay otro círculo que no es más que un eje sobre el que gira el spinner.

¿En qué consiste el juego? El juego consiste en hacerlo girar hasta alcanzar la mayor velocidad. ¿Y qué más? Pues no hay más. Se puede colocar en la yema de los dedos, en la punta de la nariz, en la barbilla… y ya.

Hace más de veinte años,  la ingeniera química Catherine Heittinger inventó este juguete para ayudar en la concentración y aliviar el estrés de los niños con autismo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Sus colores los hacen crear efectos visuales hipnotizantes. Desgraciadamente, no disponía de los 400 dólares necesarios para renovar la patente por lo que la perdió… y años después el invento se popularizó y se han vendido millones de unidades, pudiendo encontrarse en todos los bazares, tiendas y kioscos del mundo occidental.

Ha sido tanta la expectación que ha levantado en tan poco tiempo (antes de Navidades apenas hay registro de ellos), que se pueden encontrar modelos desde los 4 Euros has los 400 ó 500, incluso los 3.999 Euros (así es, demostrando una vez más lo amplia que puede resultar la estupidez humana), tutoriales sobre cómo hacer trucos con el aparato, opiniones en foros y un largo etcétera.

Esta nueva adquisición se ha vivido de manera intensa en los colegios e institutos, y en prácticamente todos se ha tomado la medida de prohibir el juguete, no sólo en el aula sino en todo el centro.  A pesar de todo, también ha habido quien ha sabido encontrar el lado motivador del juguete y utilizarlo como reclamo en alguna que otra actividad, entendiendo este tipo de tareas como algo puntual y no aplicable a todos los días del año escolar.

En cuanto a los alumnos, la gran mayoría dice tener como mínimo un par de estos aparatos. Diego, de 16 años, encargó a su hermana que le compara uno en los “chinos” porque “lo quería para no aburrirse en clase”. En el momento en que lo pidió no conocía el nombre del cacharro, así que se lo describió a su hermana como “una cosa con círculos que gira y que tienen los “popus””.  Es preocupante el hecho de que busquen abiertamente actividades que realizar en clase para no aburrirse (¿no es suficiente atender? ¿en qué momento la labor del profesor es entretener al alumno y no formarle?), así como también el poder que tienen los autodenominados “popus” para imponer lo que se lleva y lo que no.

Rubén, alumno de 6º curso y poseedor de 3 spinners, afirma que los usaba para no morderse las uñas… decimos usaba porque ya le aburren y por lo tanto no los saca. Olvidamos preguntarle si ahora que ha guardado sus 3 cacharros en el cajón ha vuelto al vicio de las uñas.

Doha, mientras recoge, nos comenta que tiene 2 y que le divierte girarlos. También añade que le permiten olvidarse de su hermana pequeña, según ella fuente del caos y desorden universal.

Georgiana nos interrumpe para comentar que ella tiene uno, pero que sólo lo usa cuando va a casa de otros. En su hogar sigue siendo fiel a la tablet.  Ambas niñas coinciden en que lo que más le gusta de estos juguetes son los colores.

Andrei, por su parte, tiene 5 y dice que está girándolos todo el día, salvo en el colegio y en la academia, donde están prohibidos.

En este último punto todos coinciden, ya que las sanciones por llevar un juguete de éstos al colegio pueden suponer varios días sin recreo. La mayoría de sus compañeros han hecho caso a las advertencias y prefieren no desobedecer una orden tan clara. No obstante, algunos niños, desoyen los avisos del tutor y los sacan en la clase.

Ese es el caso de Antonio, que es regañado y castigado constantemente por tenerlo en clase y hacerlo girar; y, no contento con ello, también comenta con sus compañeros (quieran ellos o no) diversos aspectos del juguete. Sobra decir que, afortunadamente, el resto de los niños lo encuentran molesto.

Nabil, de 5º, ya no lo usa. Reconoce que al principio le empezó a gustar porque lo tenían todos los compañeros, pero que ya no le gusta porque está “pasado de moda”. Es consciente de lo limitados que son los trucos que se pueden hacer (puede girar, también puede girar, y da vueltas y… ¡ah! También gira).

Con todo esto, podemos concluir diciendo que tras la popularidad de estos fenómenos, hay siempre un deseo de integrarse, una admiración, consciente o no, al sector más popular del instituto (que, desgraciadamente, suele coincidir con el alumnado más indisciplinado y menos interesado en aprender).

Para ello, hay un autoconvencimiento y un esfuerzo por creer que si está de moda, tiene que ser divertido.  Y con el Spinner hemos llegado al absurdo absoluto, con toda la población escolar girando el juguetito afirmando lo bien que lo pasan con ello… ¡¡¡todo un fiestón, vamos!!! Pese a que vayan al instituto y ya tengan cuerpos y maneras de adultos, con esto queda claro que siguen siendo muy influenciables, pues siguen siendo niños y adolescentes.

También preocupante es la necesidad de hacer algo para no aburrirse en clase. ¡¿Perdón?!  El profesor tiene que ser motivador, pero de ahí a tener la obligación de entretener al alumnado… A día de hoy es muy común entre los alumnos el argumento de “no quiero hacerlo” o “no me apetece” a la hora de hacer los deberes – estudiar. Es cierto que esto siempre se ha oído, lo preocupante es cuando ese argumento funciona, y se les produce la evolución de estudiantes a “ninis”. Así que aparece el spinner y nuestros adolescententes tienen el  atrevimiento de argumentar su necesidad basándose en el hecho de que es para no aburrirse en clase.

Y, siendo los populares los precursores de la moda, ya que son los que tienen más tiempo para buscar chorradas pues no dedican un minuto al estudio, también son los precursores de su caída, ya que lo dejan y la buena nueva se extiende como la pólvora.

En fin… parece ser que la “Era del Spinner” ha concluido. ¿Qué nueva chorrada nos sorprenderá el curso que viene? Se aceptan propuestas…